12 febrero 2008

Sergio Prego, el artista que vuela.

ANDREA AGUILAR 10/02/2008 EL Pais












Levita, fotografía explosiones, recorre a toda velocidad ciudades inhumanas sin tocar el suelo… El artista donostiarra afincado en Nueva York nos recibe en su estudio y explica la obra que presentará en el ‘stand’ de EL PAÍS en Arco.

Serró el techo de su casa, y su mujer le grabó en vídeo mientras él estaba suspendido boca abajo. La cabeza contra la pared, pegada al suelo; los pies, en diagonal, flotando, al aire. Su figura estática, recortada contra una luz gris que entra por la ventana, divide el ángulo en dos partes iguales. La cámara se mueve, ofrece distintas perspectivas. Esta idea llevaba cuatro años rondándole a Sergio Prego (San Sebastián, 1969). Dice que imaginaba una figura diagonal dentro de un espacio. En enero cobró vida, en su vivienda y con su propio cuerpo. Bisectriz es el resultado de esta inquietante locura doméstica; el nuevo trabajo que este artista, afincado en Nueva York, presentará en el stand de El PAÍS en Arco, que se inaugura el próximo miércoles en Madrid.

Suelos de madera pintados en un rojo desvaído, una cocina, una chimenea blanca y dos cuartos abiertos al salón, por donde asoman ordenadores y cables, aportan un aire casero al estudio que comparten Sergio Prego e Itziar Okariz, situado justo encima de su apartamento, en Brooklyn. “Ésta es la calle más fea de Green¬point”, bromea al mirar por la misma ventana que arroja un chorro de luz mate en su nuevo trabajo. Allí, una inquietante figura enrarece el territorio doméstico. Prego en diagonal, suspendido en el aire, funciona como un vector que transporta este cuarto a la sala de exposición. “En Bisectriz trabajo con mi cuerpo para incidir en determinadas relaciones del individuo con el espacio de representación”, explica.

La ciencia-ficción no es ajena a la atmósfera de sus trabajos. “Me gusta este género porque pone en cuestión la naturaleza artificial de lo que se está generando. Hay un momento de reflexión sobre el hecho mismo de hacer la película o escribir la novela”, explica. A la magia y el escapismo también ha llegado a través de los libros. “Por medio del lenguaje, los magos po¬¬nen en cuestión la forma en que entendemos el mundo. Y en este sentido, su trabajo es pareci¬do a lo que hacemos los artistas”.

Ni en fábricas, ni en calles: Prego ha querido rodar en casa. “Las estrategias tradicionales sacan de contexto la narración: filmas en un estudio que puede estar en cualquier lugar. Yo introduzco algún elemento de la realidad que se va filtrando en la historia y va creando un conflicto entre las dos cosas y, a la vez, verosimilitud”. Un elemento, este último, que Prego echa de menos en las pantallas comerciales. “El dispositivo de representación ha llegado a tal nivel en el cine que es imposible creerse nada. Las películas de hace 20 años eran mucho más creíbles. Lo virtual es un fracaso en el cine”.

El ordenador, sin embargo, desempeña un papel importante en las piezas de este artista, representado por la galería Soledad Lorenzo en Madrid y por Maupin Lehmann en Nueva York. El medio digital le permitió obtener el plano de seguimiento o efecto Matrix antes de que se estrenara esta película. “La técnica ya estaba ahí. Es muy parecida a la que usaba Muybridge. Aunque casi todas sus fotos eran secuencias temporales, tiene unas series de imágenes de un momento específico captadas desde un mon¬tón de puntos de vista. Es la tecnología lo que nos hace ver el tiempo y el espacio de una forma distinta”, asegura. Tetsuo, Bound to fail (1998) fue uno de los primeros vídeos que montó a partir de cientos de fotos tomadas por varias cámaras en un mismo instante. En aquella pieza, Prego levitaba sobre un fondo de grúas y na¬ves industriales. En Home (2001), un líquido viscoso salpicaba su rostro. Con Cowboy inertia creeps (2003) se animó a reptar por una ciudad deshumanizada. En 2006, 40 cámaras le permitieron sacar más de mil fotografías de las 17 explosiones que efectuó en una fábrica de Bilbao, que crearon las nubes que bailan en Black monday (2006). “Pude cosificar el accidente. Hay referencias al cine y a la linealidad de cualquier historia, pero yo intento trabajar en ese límite en que empieza a despegar, pero no deja de ser real”.

Hace 13 años, Prego y Okariz llegaron a Nueva York, y hace 10, a esta casa que contradice la idea de que todo artista, en esta ciudad, vive en un loft. Unos cursos en Arteleku junto a Txomin Badiola les animaron a dar el salto. Él apela a razones que van más allá del arte para explicar su decisión de quedarse. “Me gusta la ciudad a nivel de identidad. En España y en el País Vasco tengo una identidad conflictiva, indefinida. Aquí me siento muy cómodo. Hay una tradición que entiende que la cultura local se construye con la cultura de fuera, así que éste es el único lugar del que me puedo sentir parte”.

Su tenacidad y decisión le valieron un sitio en el estudio de Vito Acconci. La colaboración con él se prolongó cuatro años, hasta 2002. Impecablemente vestido de negro, con media sonrisa y voz ronca, el artista habla de Prego, esta vez sí, en un loft atestado de libros y fotografías. “Aquí sólo hay arquitectos e ingenieros trabajando. Él era el único artista. Sergio se reinventó la manera de hacer maquetas”. Poeta, performer transgresor, videoartista, fotógrafo, pintor y escultor, Acconci subraya su actual distanciamiento de la escena artística a favor de la arquitectura: “A mí ya no me interesa el arte. Quiero formar parte de las cosas, y el arte puede ser demasiado visual”. En Estados Unidos piensa que todo está envuelto de demasiado dinero y se pregunta qué espacio queda.

Dice que se mantiene alejado de ese mundo, pero le gusta la forma en que su antiguo colaborador se enfrenta a su trabajo: cómo ha construido su propia técnica de bricolaje, solo y con herramientas básicas. “Sergio llega a las cosas de una manera muy directa a partir de un método simple. Hace cosas que en las películas se ejecutan de una manera hábil y artificial, y las convierte en algo distinto. Usa la discontinuidad para llegar a la continuidad”. Prego se muestra de acuerdo con él: “A nivel personal es muy importante trabajar de una forma natural con los medios que tengo a mi alcance y no subordinarme a toda una estructura de producción para obtener un resultado determinado”.

El artista vasco rechaza la etiqueta que enmarca su trabajo en el binomio espacio y cuerpo. Sospecha que detrás de esta fórmula descriptiva se esconde una limitación. “Todo tiene una relación con el espacio y el cuerpo. En las esculturas de Serra todo está hecho con relación al cuerpo, pero nadie habla de ello”. Junto a Acconci aprendió a no temer a la ingeniería. Creativo y obstinado, Prego se propuso poner las paredes en movimiento, y lo logró en Winter star (2003), una instalación, sin cuerpos de por medio, en la que unos enormes muros se desplazaban y torcían. “No puedo transformar las leyes físicas, pero sí la manera de percibirlas”, dice. Aquel trabajo le metió de lleno en el automatismo neumático. Ha retomado esta técnica en Secuencia de diedros (2007), una de las 12 piezas creadas por jóvenes artistas vascos, que el Guggenheim encargó y mostró para conmemorar su décimo aniversario.

Una escultura con forma de vídeo. Así es como a Prego le gusta pensar en Bisectriz. “Conceptualmente, todo lo que hago está relacionado con la escultura, pero a menudo uso otros medios para hacerla. No me considero un videoartista”, afirma. El movimiento minimal marca el punto de inflexión del arte contemporáneo que más le interesa. “La escultura pasó entonces a estar en el mismo espacio de representación que el mundo real: bajó y se convirtió en peana”. El artista relaciona su nuevo trabajo con Anti y Para, los vídeos que realizó inspirándose en Caminando sobre la pared, la performance que en los setenta realizó la norteamericana Trisha Brown en el Whitney Museum.

Prego grabó de frente, y el espectador ya no sabe por qué los caminantes llevan arneses o si el lugar por el que transitan es suelo o pared. Él piensa que si en el siglo XX los artistas se colocaron dentro del lienzo, ahora ha llegado la hora de iluminar los márgenes y dejar claro, al fin y al cabo, que se trata de una narración enmarcada. “Mi trabajo se puede considerar barroco o posmoderno porque te hace consciente de los límites. Deconstruye a otro nivel esos elementos de narración”. Los renglones caminan ahora por la pared. Para Acconci, la vuelta atrás se mueve en una dirección insospechada. “Lo que ocurrió en los sesenta y setenta está de alguna manera restringido a ese momento histórico. Los medios técnicos y electrónicos de los que ahora se dispone hacen que la revisión sobre el pasado ocurra en un marco muy distinto, un contexto que no podíamos ni siquiera imaginar entonces”.

Los vídeos y esculturas de Prego se han mostrado en el P.S.1 del MOMA, en la Bienal de Venecia, en Basilea y, más recientemente, en el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga. Ahora prepara nuevas piezas para el Musac de León y el Marco de Vigo.

+sobre Sergio Prego